¿Cómo puede afectar el comportamiento de un alcohólico con su pareja?

Fernando Botana Núñez

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Cuando el consumo de alcohol de tu pareja empieza a preocuparte, no siempre es fácil saber si estás ante una situación puntual o si realmente está afectando a vuestra relación. 

Puede que hayan aumentado las discusiones, que notes cambios en su forma de comportarse o que cada vez estés más pendiente de cuánto bebe, de cómo llegará a casa o de cómo reaccionará ante determinadas situaciones. 

El alcohol no afecta únicamente a quien bebe. Cuando empieza a ocupar demasiado espacio en el día a día, el comportamiento de un alcohólico con su pareja puede cambiar: la comunicación se resiente, la confianza se deteriora y la convivencia puede quedar condicionada progresivamente.

Estos cambios no aparecen igual en todas las personas ni significan por sí solos que exista una adicción. Sin embargo, cuando empiezan a repetirse y a afectar a la relación, conviene prestar atención a lo que está ocurriendo. 

Comportamientos que pueden aparecer en la relación

Cuando el consumo de alcohol empieza a convertirse en un problema, sus efectos pueden reflejarse también en la forma de relacionarse con la pareja. No todas las personas reaccionan igual ni estos comportamientos aparecen siempre juntos, pero sí existen algunos cambios que pueden repetirse con cierta frecuencia. 

El alcohol puede influir en el estado de ánimo y en el comportamiento, especialmente cuando existe un consumo elevado o mantenido en el tiempo. El Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo (NIAAA) señala que el alcohol interfiere en las vías de comunicación del cerebro y puede provocar cambios en el estado de ánimo, el comportamiento y la capacidad para pensar con claridad. 

Cambios de humor y conflictos frecuentes 

Uno de los cambios que puede resultar más visible dentro de la relación es una mayor inestabilidad emocional. Pueden aparecer irritabilidad, respuestas desproporcionadas, discusiones por cuestiones que antes no generaban conflicto o una menor capacidad para gestionar determinadas situaciones. 

En ocasiones, estos cambios aparecen durante el consumo, pero también pueden producirse antes o después, especialmente cuando la persona empieza a organizar parte de su día alrededor del alcohol. 

Esto puede hacer que la pareja empiece a vivir ciertas situaciones con incertidumbre, sin saber cómo va a reaccionar la otra persona o evitando determinados temas para no provocar una nueva discusión. 

Ocultar o minimizar el consumo 

También es frecuente que la persona reste importancia a cuánto bebe o a las consecuencias que está teniendo el alcohol en su vida. 

Frases como “No bebo tanto”, “Solo ha sido hoy” o “Todo el mundo bebe” pueden aparecer cuando existe dificultad para reconocer el alcance real del problema. 

En otros casos puede haber intentos de ocultar el consumo, beber sin que la pareja lo sepa o evitar hablar directamente sobre ello. Esto no significa necesariamente que exista una voluntad consciente de engañar en todo momento, pero sí puede contribuir a deteriorar progresivamente la confianza dentro de la relación. 

Promesas de cambio que no se mantienen 

Después de una discusión o de una situación especialmente complicada pueden aparecer promesas de reducir el consumo, dejar de beber durante un tiempo o cambiar determinados comportamientos. 

El problema surge cuando estas promesas se repiten pero el mismo patrón vuelve a aparecer. 

La pareja puede entrar entonces en una dinámica de preocupación, conflicto, promesa y aparente tranquilidad que termina reiniciándose con un nuevo episodio de consumo. 

Esta repetición suele generar frustración en ambas partes. La persona que bebe puede sentirse culpable por no conseguir mantener el cambio y la pareja puede empezar a perder la confianza en que las promesas sean suficientes. 

Distanciamiento y pérdida de confianza 

Cuando el alcohol empieza a ocupar cada vez más espacio, también puede producirse una desconexión progresiva dentro de la pareja. 

Puede haber menos comunicación, menos tiempo compartido o una pérdida de interés por actividades que antes formaban parte de la relación. Si además aparecen ocultaciones, discusiones o promesas incumplidas, la confianza puede ir deteriorándose poco a poco. 

A medida que esta dinámica se mantiene, también puede cambiar la forma en la que la pareja intenta afrontar la situación. Es habitual empezar a evitar conflictos, intentar controlar el consumo o asumir responsabilidades que no corresponden. Saber cómo actuar ante la adicción de una pareja puede ayudar a diferenciar entre acompañar a la otra persona y terminar organizando la propia vida alrededor de su consumo.

¿Cómo puede afectar esta situación a la otra persona?

Convivir con un problema de alcohol dentro de la pareja también puede tener consecuencias para quien está al otro lado. Cuando los conflictos, las promesas incumplidas o la incertidumbre empiezan a repetirse, es habitual que buena parte de la atención termine centrada en el consumo de la otra persona. 

La propia Organización Mundial de la Salud señala que los efectos perjudiciales del alcohol pueden extenderse a otras personas y generar problemas familiares, sociales y económicos. 

Poco a poco, la pareja puede empezar a estar pendiente de cuánto ha bebido, de cómo llegará a casa o de cuál será su estado de ánimo. También puede evitar determinados temas para no provocar una discusión, modificar planes en función de la situación o asumir responsabilidades que antes estaban repartidas entre ambos. 

A veces incluso puede empezar a cuestionarse su propia percepción: preguntarse si está exagerando, si debería tener más paciencia o si existe alguna forma de hablar o actuar que consiga que la situación cambie. 

A esta incertidumbre pueden sumarse sentimientos de frustración, enfado, tristeza o culpa. También puede aparecer el miedo a sacar el tema porque cada conversación termina en una discusión, una promesa de cambio o un periodo de aparente tranquilidad antes de que vuelva a ocurrir lo mismo. 

Sin embargo, acompañar a alguien con un problema de alcohol no significa poder controlar su consumo. Cuando la vida cotidiana empieza a organizarse alrededor de lo que la otra persona bebe, hace o promete hacer, también es importante prestar atención al desgaste que esta situación está provocando en quien intenta ayudar. 

¿Qué hacer si el alcohol está afectando a tu relación?

Cuando el consumo de alcohol empieza a deteriorar la relación, es fácil que toda la atención se centre en conseguir que la otra persona cambie. Sin embargo, una de las primeras cosas que conviene asumir es que la pareja no puede decidir por ella cuándo dejar de beber ni garantizar que mantenga ese cambio. 

Lo que sí puede hacer es dejar de normalizar determinadas situaciones y empezar a tomar decisiones sobre aquello que depende de ella. Esto implica observar hasta qué punto el consumo está condicionando la convivencia, qué situaciones se están tolerando por miedo a generar un conflicto y qué consecuencias está teniendo todo ello en el propio bienestar. 

Si quieres hablar con tu pareja sobre lo que está ocurriendo, puede ser preferible hacerlo en un momento en el que no haya bebido y la situación esté tranquila. En lugar de centrar toda la conversación en cuánto bebe, puede resultar más útil hablar de situaciones concretas que te preocupan y explicar cómo están afectando a la convivencia y a la relación. 

También es importante evitar que ayudar se convierta en resolver constantemente las consecuencias del consumo. Dar explicaciones a otras personas, cubrir ausencias, asumir responsabilidades o intentar reparar cada problema puede aliviar una situación puntual, pero también puede hacer que quien bebe tenga menos contacto con las consecuencias reales de sus decisiones. 

Por eso, saber cómo ayudar a una persona con problemas de alcohol implica encontrar un equilibrio entre acompañar y no hacerse cargo de aquello que corresponde a la otra persona. 

Al mismo tiempo, conviene mantener espacios propios, apoyarse en otras personas y no dejar que toda la relación quede definida por el consumo. Seguir cuidando la propia rutina, los vínculos y el bienestar emocional no significa desentenderse del problema, sino evitar que este termine ocupándolo todo. 

Y si la situación se mantiene, empeora o empieza a superar lo que la pareja puede manejar por sí sola, buscar orientación profesional puede ser el siguiente paso. 

Cuándo pedir ayuda profesional

No es necesario esperar a que el consumo de alcohol haya deteriorado por completo la relación para pedir ayuda. Cuando los conflictos se repiten, existe una pérdida de control sobre el consumo o la pareja siente que ya no sabe cómo manejar la situación, puede ser buen momento para buscar orientación profesional. 

También conviene prestar atención cuando las promesas de cambio no se mantienen, el alcohol empieza a afectar a otras áreas de la vida o la convivencia gira cada vez más alrededor de lo que la otra persona bebe, hace o deja de hacer. 

En estos casos, pedir ayuda no significa únicamente iniciar un tratamiento para quien consume. La pareja y la familia también pueden necesitar acompañamiento para entender qué está ocurriendo, aprender a relacionarse con la situación de otra manera y tomar decisiones con mayor claridad. 

En Impasse Adicciones trabajamos tanto con personas que tienen un problema de alcohol como con sus parejas y familiares. No es necesario esperar a que la otra persona decida iniciar un tratamiento para pedir orientación. 

Si sientes que el consumo de alcohol de tu pareja está afectando a vuestra relación y ya no sabes cómo actuar, puedes contactar con nuestro equipo para valorar la situación y recibir una primera orientación. 

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Fernando Botana

En Impasse, Fernando Botana atiende a las personas que vienen a tratarse de manera individualizada y exclusiva. Impasse Adicciones ofrece de esta manera un tratamiento de adicciones en Madrid con un altísimo porcentaje de adhesión por parte de pacientes que han fracasado con otros tratamientos.

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