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Esto es lo que te pasa al dejar de beber alcohol

No sé si has oído hablar del Dry January (Enero Seco), que tanto de moda se ha puesto en Inglaterra y EEUU. Este reto consiste, cuando finalizan las navidades, en dejar de beber alcohol, es decir, en reducir el consumo de alcohol a cero durante todo el mes tras los atracones típicos de estas fechas.

Pero lejos de retos puntuales, lo que está claro es que dejar de beber alcohol si eres consumidor habitual, y sobre todo de riesgo, conlleva unos cambios muy positivos en tu organismo y tu vida diaria que no estaría de más conocer.

El impacto positivo en el sistema cardiovascular

Cuando dejas de beber, le das un respiro a tu corazón y a tus arterias. El consumo habitual de alcohol puede provocar problemas en el sistema cardiovascular, como tensión alta, ritmo cardiaco anormal e incluso aumenta los riesgos de sufrir un infarto.

Dejar de beber alcohol hará sentir mejor a tu corazón, y esto se puede multiplicar si llevas una alimentación sana y haces algo de ejercicio.

Mejora tu salud mental

El consumo de alcohol de manera habitual sorprendentemente tiene consecuencias graves en tu salud mental.

Aunque a corto plazo reproduzca sensaciones de bienestar, euforia, etc., a medio y largo plazo está relacionado con problemas como la depresión. ¿Por qué ocurre esto?

Puede provocarte ansiedad y problemas a la hora de gestionar el estrés, porque el consumo habitual y excesivo de alcohol obstaculiza los neurotransmisores que necesita el cerebro para tener una adecuada salud mental.

Así, al dejar de beber alcohol o reducir considerablemente el consumo, notarás una mejoría no sólo física sino también mental.

Dormirás mejor

Directamente relacionado con sentirnos mejor, está un buen descanso. Está de sobre demostrado por varios estudios que reducir o eliminar el consumo de alcohol mejora la calidad del sueño.

Esto se traduce en sentirte mejor, con más fuerzas y encarar el día con un mejor ánimo.

Recupera tu hígado y tus riñones

Estos órganos son unos de los que más sufren con la ingesta continuada de alcohol. El hígado en concreto es el encargado de filtrar la sangre que sale del tubo digestivo. Cuando ingieres alcohol, el hígado es el órgano encargado de hacerlo desaparecer de la sangre, con el consiguiente sobre esfuezo que conlleva.

En el caso del filtrado que hacen los riñones, se trata de filtrar la sangre para producir orina y eliminar así deshechos. Este proceso conlleva medir si hay que liberar o retener agua.

Los riñones regulan la cantidad de agua en el cuerpo y el alcohol entorpece dicha función. Además, como el alcohol aumenta la carga de trabajo del hígado, los riñones se ven obligados a “trabajar más para compensar”. Beber menos o dejar de beber recuperará tus riñones.

Adelgazarás

El consumo elevado de alcohol está directamente relacionado en cómo el organismo gestiona la insulina. El consumo de alcohol lleva a sufrir resistencia a la insulina o insulinorresistencia.

Esto ocurre cuando el organismo no reacciona a la insulina, que es la hormona que segrega el páncreas para distribuir la glucosa en las células y que permite tener bajo control los niveles de azúcar en la sangre.

En el caso de sufrir de esta deficiencia, puedes llegar a desarrollar diabetes del tipo 2, algo que evitarás si dejas de consumir alcohol.

Pero además, la ingesta calórica que va de la mano del consumo de alcohol es realmente importante, por lo que evitar su consumo se verá reflejado en tu peso. Además, reducirás tu nivel de colesterol.

El consumo de alcohol aumenta el riesgo de cáncer

Un informe de la Sociedad Americana de Oncología advierte de que beber alcohol, aunque sea en pocas cantidades, aumenta el riesgo de cáncer. Por lo cual es evidente que reducir su consumo nos puede ayudar a llevar una vida más saludable.

¿Cómo ves la mejoría en tu vida si dejas de consumir alcohol? Sin duda los cambios son más que relevantes.

Tratamiento para dejar de beber

En Impasse Adicciones somos conscientes de la aceptación que tiene el consumo de alcohol en nuestras sociedad y de las dificultades para saber cuándo se sobrepasa la línea del consumo por ocio al consumo peligroso. Cuando el alcohol comienza a gobernar la vida del paciente, afectando a su estado de ánimo, a sus relaciones y a su salud es hora de tomar medidas.

Reconocer la adicción al alcohol es el primer paso para iniciar un proceso de recuperación. En Impasse Adicciones, Fernando Botana profundiza en las causas que le han llevado de manera personal a abusar de la bebida. Este proceso consolida y garantiza que la abstinencia sea la definitiva.

El alcohol destruye la vida de las personas en todos los sentidos: salud, relaciones personales y trabajo. No destroce su vida. Tratamiento del alcoholismo en Madrid: más de 30 años haciendo frente y venciendo a la adicción al alcohol

 

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Relato de una adicta al alcohol: “Con veinticuatro años ya bebía a diario. Casi siempre sola”.

Creador: Fernando Botana
Autora: Loren Fernández
Ilustraciones: Isabel Osma

Ahora vives dentro de mi vientre. Flotas tranquilo y feliz en tu burbuja. Te protejo. Nacerás, crecerás, te enfrentarás a la vida con mi ayuda y un buen día por ti mismo. Para ti.

Yo tuve que hacerlo por mi cuenta. Mi madre, tu abuela, hundida en su depresión, su cariño siempre lejano y añorado y yo responsable de que comiera, de que se duchara, de que se alejara del abismo del balcón, de que pudiese soportar la presencia de su marido sin romperse. Ella y mi padre, tu abuelo, se habían separado, pero una enfermedad hizo que volviera. En terapia me he permitido entender cómo me convertí en quien cuidaba la enfermedad de cada uno y la lucha entre los dos, cuando solo era una niña que necesitaba que la cuidaran.

“Y me hice de un amigo peligroso para sostenerme: el alcohol”.

A veces el día se hacía difícil de soportar. Mamá con una recaída, arrastrando los pies y las ojeras por la casa, como quien va llenándola de nubes grises. O mi padre ingresado de nuevo en el hospital, conmigo como única compañía. O ese viaje de fin de curso, esa fiesta de cumpleaños, esa excursión a la que iría el chico que me gustaba… tantas cosas a las que tuve que renunciar.

 

 

“La primera cerveza la tomé en el parque con los compañeros, el último día de colegio. Sabía amarga, pero me aturdió la cabeza tan dulcemente que volví a repetir. A repetir. Y a repetir”.

 

 

 

Cada vez más a menudo. Cada vez más cantidad. Su amargura se convirtió en el sabor más agradable, porque con él mi mundo se esfumaba, se convertía en un minuto de alegría eterna con mis amigos. Unas veces reía y bailaba con ellos; otras, lloraba, deshaciéndome de esas lágrimas que no podía mostrar a nadie más.

Mis amigos y yo fuimos separándonos. Ya adulta y sin la responsabilidad de mis padres, me había quedado con ese mal amigo que no iba a irse fácilmente: el alcohol. Aún le necesitaba. Con él había ido aprendido a enfrentarme al dolor, a las preocupaciones, a las responsabilidades, a las relaciones difíciles, a varios fracasos amorosos, al aislamiento mientras estudiaba mi oposición. Y a mí misma.

“Con veinticuatro años ya bebía a diario. Casi siempre sola”.

Eso lo echó todo a perder con Óscar. A él siempre le pareció que yo bebía más de lo normal. Comencé a no hacerlo cuando salíamos. Pero no podía pasar ya sin beber. Me temblaba el cuerpo. No pensaba con claridad. Bebía en casa, a escondidas, mientras él estaba trabajando. Cada día intentaba no hacerlo. Y cada día me decía “sólo un botellín, eso no hace mal a nadie”. Entonces yo misma decidí no tener ninguna clase de alcohol en casa. Pero terminé saliendo a comprarlo en cualquier sitio, con urgencia, como uno de esos borrachos furtivos que esconden la botella en el bolsillo de la gabardina. Yo iba escondiendo botellas y latas detrás de los muebles de la cocina o en las cajas de zapatos.

Cuanto más oculto, menos peligro de que me descubriese Oscar; y de que yo descubriese en quién me había convertido. Pero podía esconder las botellas, no mi mirada vidriosa, el aliento de fuego y aquella forma de perder el control cuando discutíamos, le gritaba y tiraba cosas al suelo.

“Oscar se fue. Con treinta y siete años volví a quedarme sola, tan sola como aquella niña habitando una casa gris donde convivía con dos fantasmas vivientes”.

Cuando se me pasó la borrachera vacié la última botella que tenía en casa por el lavabo. Mientras veía cómo la cerveza giraba y desaparecía por el desagüe, me prometí que eso es lo único que se iría por el desagüe. No mi vida. No mi oportunidad, tal vez la última, de tener un hijo. De tenerte a ti.

Ha sido difícil romper con ese siniestro amigo. La terapia hizo que comprendiera dónde estaban las raíces de mi pasado sobre las que sustentaba su poder. Que encontrara en mí esa fuerza y ese amor por mí misma que necesitaba para arrancarlas.

Deseo desde hace mucho tenerte, hijo mío, pero ahora entiendo que solo podías llegar ahora, cuando estoy preparada. Con esa fuerza verdadera, con este amor nuevo. No solo porque mi sangre ya no está envenenada, sino porque no echaré sobre ti la carga de mis cargas, ni la imagen de mi adicción. Ahora seré la madre que te proteja, te cuide y te prepare para caminar solo. Para que nunca necesites como muletas a un amigo destructor.