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Rasgos de la personalidad que fomentan la adicción a la cocaína

¿Hay tipos de personalidad que favorecen la adicción a la cocaína? Varios estudios científicos sugieren que sí. Un individuo puede presentar rasgos de la personalidad que lo hagan más o menos propenso a sufrir este problema.

Sin embargo, una drogadicción no es una fórmula matemática. Para que un adicto llegue a serlo, intervienen otros muchos factores. Para el equipo terapéutico de Impasse, lo interesante de los rasgos de personalidad que favorecen la adicción a la cocaína es la posibilidad de utilizarlos para su tratamiento.

Un rasgo de la personalidad se puede definir como la tendencia a comportarnos de una manera particular ante una situación dada. ¿Cuáles son los rasgos relacionados con el abuso de la cocaína?

    


Inestabilidad emocional

La inestabilidad emocional es la tendencia a experimentar emociones desagradables (ira, ansiedad, depresión, vulnerabilidad, etc.) fácilmente. Varios estudios coinciden en señalar que la inestabilidad emocional (que además se agudiza con el consumo de esta droga) es una de las características de los adictos a la cocaína.

Estos mismos estudios revelan que el individualismo y una excesiva preocupación por el logro y la consecución de un cierto poder personal, están relacionados con una mayor inestabilidad emocional.

En relación con este rasgo de su personalidad, las personas adictas a la cocaína parecen tener especial dificultad para controlar las emociones y los impulsos.

Escasa responsabilidad

En general, los adictos a la cocaína tienen problemas para asumir responsabilidades y suelen optar por comportamientos espontáneos. En vez de ser organizados y mostrar autodisciplina, prefieren el comportamiento imprevisto y espontáneo.

En línea con esta tendencia, no tienen problema con saltarse las normas y conviven sin problemas con un alto nivel de ambigüedad.

 


Búsqueda de nuevas emociones

Otro rasgo que caracteriza a las personas cocainómanas es que suelen ser curiosas y abiertas a probar cosas nuevas y diferentes. Buscan emociones y novedades, aunque supongan conductas de riesgo. Es más: se sienten atraídas por el riesgo.

Para ellas, es muy importante obtener placer y gratificaciones individuales diferentes (son hedonistas) y refuerzos inmediatos. Para lograrlo, son capaces de desplegar una gran cantidad de energía. Necesitan más estímulos que los demás para no caer en el aburrimiento y evitan las situaciones que les frustran.

Carácter típico

El carácter típico que presentan los adictos a la cocaína implica sentimientos de inferioridad y baja autoestima (en relación con la población general).

Otro rasgo característico es la tendencia a culpar a los demás de sus propios problemas, así como cierto grado de inmadurez y carencia de recursos para enfrentarse a las dificultades.

Finalmente, suelen presentar un menor nivel de tolerancia social, mayor desinterés por los demás y una clara tendencia a manipular las situaciones en beneficio propio.

 

Factores sociales > personalidad

Los rasgos de la personalidad son factores de riesgo pero por sí solos no provocan que una persona se convierta en adicta a la cocaína. Es necesario que concurran otras causas.

Esas otras causas, que podríamos llamar “ambientales”, sí están catalogadas como factores de riesgo determinantes de la adicción a la cocaína. Por ejemplo, una actitud positiva hacia el consumo de drogas o la sensación de control del consumo de cocaína (determinantes en el inicio del consumo y en su escalada) no son rasgos de la personalidad con los que una persona haya nacido, sino que se forman en un determinado contexto social que los favorece.

Si tienes un problema de adicción a la cocaína, desde Impasse te recomendamos que consultes a un terapeuta que te ayude a detectar si hay elementos de tu personalidad que te impiden librarte de la cocaína. Como especialistas en el tratamiento de la adicción a la cocaína en Madrid, creemos que esta es una de las estrategias que más ayudan a nuestros pacientes a superar la drogadicción.

 

 

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5 patrones de comportamiento de la adicción a la cocaína con los que debes romper ya

Las personas adictas a la cocaína tienden a desarrollar hábitos que son muy difíciles de cambiar. Repiten comportamientos de forma automática, y aunque esos comportamientos tengan consecuencias negativas, parecen incapaces de evitarlos.

Aunque aún se desconocen los mecanismos cerebrales que explican este fenómeno, un estudio publicado por la revista Science y dirigido por la investigadora Karen Ersche, considera que las terapias más eficaces son precisamente aquellas que potencian la capacidad de los enfermos para desarrollar nuevos hábitos más positivos que sustituyan al consumo de cocaína.

Después de años de experiencia tratando (y curando) a numerosas personas adictas a la cocaína, en Impasse hemos identificado ciertos patrones de comportamiento comunes a todos los adictos.

Los cinco comportamientos que presentamos a continuación son señales inequívocas que deben alertar al enfermo o a las personas que lo rodean del problema. Detectarlos y tratar de romper con ellos poco a poco, desarrollando la fortaleza del paciente, es una de las estrategias habituales en la terapia para superar la adicción a la cocaína.

1. Aislamiento social del adicto a la cocaína

La adicción a la cocaína conlleva, invariablemente, el aislamiento social. Aunque persiste el estereotipo de que la cocaína nos hace más sociables y extrovertidos, lo cierto es que esta droga va recluyendo al adicto en un círculo cada vez más pequeño, poblado únicamente por otras personas que sufren el mismo problema o viven de él (camellos, etc.).

Para escapar de esta adicción es crucial intentar reconectar con los círculos sociales alejados de ese mundo. Cambiar de ambiente y compartir tiempo con personas cuya vida no gira en torno a la cocaína te permitirá ver tu problema con cierta perspectiva y darte cuenta de algo que probablemente habías olvidado: es posible vivir sin cocaína.

2. Mentir(se)

Mentirse a sí mismos y a los demás es un comportamiento asociado a cualquier adicción. La mentira encubre el problema, evita tener que enfrentarse cara a cara con él y es otro de los comportamientos “automáticos” inducido por la cocaína.

También se recurre a la mentira para enmascarar los síntomas físicos y psicológicos derivados del consumo excesivo de esta droga y, por supuesto, para conseguir el dinero o justificar los problemas económicos que implica.

Pensamientos o expresiones del tipo “Lo tengo controlado” o “Lo dejo cuando quiera” son las mentiras más habituales. Desde Impasse te recomendamos que las evites. Aunque te parezca un detalle menor, dejar de recurrir a estas mentiras (tanto si las verbalizas ante otras personas como si te las repites mentalmente ante el espejo a solas) puede ser un avance en el proceso de curación.

3. Atracción por comportamientos de riesgo

La adicción a la cocaína altera de tal forma la conducta y el buen juicio de quienes la padecen que, de forma generalizada, manifiestan comportamientos que ponen en peligro su integridad física, por ejemplo conductas sexuales de riesgo que pueden acarrear enfermedades infecciosas graves (VIH, Hepatitis C, etc.), accidentes de tráfico, peleas, etc. También son frecuentes los conflictos con la autoridad que provocan desde la pérdida de un empleo a problemas legales, etc.

Si consumes cocaína y presentas este tipo de conductas, evítalas por todos los medios: no solo estarás contribuyendo a preservar tu salud y tu bienestar, sino que además empezarás a retomar el control de tu vida que habías delegado en la droga.

4. Gastos excesivos (problemas financieros)

La adicción a la cocaína sale muy cara también desde el punto de vista económico. El gasto excesivo para atender un consumo cada vez mayor suele terminar en deudas y problemas financieros muy serios.

Prestar atención a la cuenta del banco puede ser un toque de atención que te sirva para darte cuenta de otra dimensión del problema. Fíjate en tu estilo de vida y trata de calcular tus gastos para que puedas ponerle una cifra a tu adicción.

Lo primero que conseguirás con este pequeño-gran cambio de comportamiento es tomar conciencia de en qué punto estás y darle visibilidad (en forma de números, en este caso) a la cocaína.

5. Abandonarse

La adicción a la cocaína invade cada momento de la persona adicta. No hay tiempo para otra cosa que no sea colocarse, comprar la cocaína o desear estar colocado. Obviamente, hacer una vida mínimamente normal queda fuera de la agenda. Ir a la compra, cocinar, hacer deporte…

A esto nos referimos con lo de “abandonarse”. Descuidarse en aspectos fundamentales (incluso de higiene personal) suele ser una de las consecuencias directas de la adicción a la cocaína.

Para combatir esta conducta, resulta muy útil incorporar a tu vida una serie de prácticas que impliquen cuidado personal en sentido amplio: obligarte a preparar (y comer) una buena comida, salir a pasear, correr o cualquier ejercicio físico que te atraiga, poner un poco de orden en casa, retomar una afición abandonada o descubrir una nueva, etc. En definitiva: desarrollar costumbres diarias para cuidarte y dedicarte tiempo que no impliquen consumir cocaína.

Te proponemos que adoptes estos cambios de comportamiento y los incorpores a tu día a día como una rutina. Quizá te parezcan poca cosa, pero son una forma de romper el círculo vicioso de la adicción. Imponerte nuevos hábitos es una batalla ganada en la lucha contra la drogadicción.

Como terapeutas especializados en la adicción a la cocaína, creemos que cambiar los comportamientos que conducen al abuso de esta droga es vital para superarlo. En Impasse te recomendamos que busques la ayuda de terapeutas que te guíen en el proceso, que sepan identificar cuáles son los hábitos que te atan a la droga y tracen contigo otros nuevos, haciendo un seguimiento personal de tus victorias diarias.

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Cocaína blues: la historia de Juan y el consumo de cocaína

Creador: Fernando Botana
Autora: Loren Fernandez
Ilustraciones: Isabel Osma

Juan duda de si es el mejor camino. Pero es el camino al que le llevan sus pasos. Cuando salen de gira trabaja muchas horas, montando y desmontando los equipos de sonido, recorriendo carreteras, durmiendo de día. Si no se colocara un poco de vez en cuando le tomarían por pardillo. En su mundo, todos necesitan un empujoncito para seguir el ritmo, mantenerse ágiles de mente y de cuerpo.

Es solo otro loco, loco día en la carretera, con la cabeza llena de nieve”.

No lleva una mala vida. Algunos creen que para meterte en drogas tienes que estar en el paro, que te deje la novia, que tu padre te diese palizas de pequeño o ser un tipo al que le cuesta hacer amigos. A Juan le encanta su trabajo, suele caer bien a todo el mundo y Nuria es una mujer pasional y divertida a la que da gusto regresar después de esos agotadores viajes. Nunca le había reprochado nada. No está celosa porque se pase semanas fuera de casa y cuelgue en Instagram fotos con las chicas del grupo de baile, no le da la charla porque se meta algún tirito ocasional en una fiesta, aunque ella nunca quiso acompañarle.

 “Préstame un nuevo mundo durante toda la noche, sentir la vida. Quiero montar un caballo blanco”.

juan consumiendo cocaínaPero algo ha cambiado. Ahora, continuamente, todo son escenas y gritos. Juan sabe que aquello empezó con el embarazo. Tal vez Nuria está más sensible. Y él, la verdad… desde que se enteró de que va a ser padre, siente un malestar que solo le calma la coca. Un malestar que se aplaca, pero regresa luego con más fuerza. No es que no desee ese niño, pero se fija en otros padres y no se siente preparado para esas charlas monotemáticas, visitar las urgencias de los hospitales ni pasar las noches acunando a un bebé llorón. Y, sobre todo, cuando piensa en que a ese niño hay que educarle, el malestar toma la forma de un ladrillo incrustado en el estómago.

Criar a un hijo, educarle, acertar, le parece una tarea que rebasa sus límites. Juan estará muchos días fuera de casa, igual que su padre; su hijo le echará de menos, igual que le pasaba a él. Y, cuando esté, tal vez no sea más que una sombra que trae dinero a casa y luego se baja al bar. No quiere que Nuria sea una madre que llora por los rincones, como fue la suya. Criar un hijo es una tarea de adultos, para la que ni sus padres adultos parecían demasiado preparados, ¿cómo va a estarlo él, que todavía se siente joven, con ganas de fiesta, ahogado cuando le hablan de obligaciones?

Observo una mano llena de planes rotos y estoy cansado de no darle importancia. La dama blanca te quiere más”.

Juan y su consumo de cocaína

Los compañeros le dan palmaditas en el hombro y bromean sobre su paternidad, el fin de la buena vida, de la juventud. Bueno, ya lo hicieron cuando se casó, y no puede estar más contento de vivir con Nuria. Pero, ahora, cada vez que uno le habla de pañales y de bronquitis, se mete un tirito de coca. Y, si eso le ayuda, piensa, podrá así afrontar el futuro mientras se prepara para cuando llegue.

Si tienes malas noticias, si quieres patear la tristeza, cocaína”.

Pero Nuria no lo ve así. Dice que no está afrontando, sino evitando. Que ya no le conoce. Que está harta de un hombre agotado y como ausente. De sus cambios de humor; de que no coma con ella; de que la despierte en mitad de la noche gritando que le persiguen cucarachas; de que no pueda ocuparse de nada porque está apático y desorientado; de sus gatillazos; de que ahora no les llegue el dinero a fin de mes. Hasta esos momentos de euforia en los que Juan se siente el rey del mundo, parecen molestarla.

“¿Qué nos ocurre? ¿Qué me ocurre? ¿Qué sucedió mientras lo dejé ir?”.

Hace dos semanas, Juan se alteró tanto con las quejas de su mujer que dio un golpe contra la mesa y destrozó el cristal. Nuria se asustó mucho, se marchó llorando a la calle. Y Juan, por primera vez, viendo su puño rojo de sangre, sintió miedo del monstruo que le crecía dentro. Se mira en el espejo y no se reconoce. Las ojeras de su padre los días de resaca. La piel pegada a los huesos. El pelo raleando. Entonces, ve en el espejo cómo se distorsiona su cara, como si fuese un amasijo de plastilina fácil de modelar. La realidad y las visiones han dejado de ser mundos separados.

“Esta vieja cocaína me está haciendo enfermar. Cocaína inundando mi cerebro”.

Relatos de terapia A Juan le cuesta reconocer que no, la cocaína no es una amiga, sino un veneno. Mira a su alrededor con ojos nuevos, y ve que algunos de sus compañeros están ya en un punto sin retorno. No sabe cuánto le falta a él para llegar a ese punto. Para perder a su familia, para arruinarse, para hacer peligrar su vida, para no tener más amigos (si lo son) que otros consumidores. Para ser un esclavo del polvo blanco.

El doctor dice que te mata, pero no dijo cuándo”.

Dejar el consumo de cocaína

No, él no es como ellos, se dice. Cuesta mucho, lo sabe, pero puede dejarlo. Solo necesita perder el miedo. Miedo a que, sin la dama blanca, el vacío le engulla. El aburrimiento. La nada. Miedo a que los compañeros le vean como a un bicho raro. A la soledad. Nunca se sintió del todo a gusto consigo mismo, como si la vida se transformase a veces en una niebla triste de la que necesitaba esconderse. Cuando encontró el dulce veneno de la cocaína todo parecía más fácil: ya no necesitaba pensar. En esos momentos, solo ella ocupaba su mente.

“Si quieres caer y quedarte en el suelo: cocaína”.

Juan ha decidido probar a ir a terapia y terminar con el consumo de cocaína. Con muchas reticencias. Y vergüenza. No quiere que le metan en uno de esos grupos de drogadictos que se auto compadecen. El no es uno de ellos. Pero, desde el momento en que ha entrado en la consulta, se ha sentido en un lugar tranquilo, seguro, donde es aceptado y comprendido. Donde le darán fuerza para dejar de ser un esclavo. Ha salido a la calle con la sensación de que es capaz de conseguirlo. De que se puede regresar de ese viaje a los infiernos, de que van a ayudarle. Y de que también le ayudarán a explicar y a llenar ese vacío que siente cuando no consume.

Intentando no olvidar todas las formas de la alegría, toda la formas de la felicidad”.

Se sienta en la calle a fumar, intentando aplacar el deseo de llamar a uno de sus camellos para conseguir su recompensa por este nuevo esfuerzo. Sería la última vez. Enciende y apaga el móvil, luchando contra el ansia. Para olvidarse, mira cómo los niños juegan en el tobogán. Un padre recoge a un pequeño que llora después de caerse al suelo. Los dos se abrazan y Juan ve en el rostro de ese niño, que sonríe con la cara manchada de barro y lágrimas, y de ese padre que le habla al oído con infinita ternura, que su lucha va a merecer la pena.

No es un efecto secundario de la cocaína, estoy pensando que debe ser amor. Es muy tarde para llegar tarde otra vez… Voy dejar pasar el día sin ella”.

 

NOTA: Los textos en cursiva pertenecen a temas de Rolling Stones, Goldfrapp, E. Smith, E. Clapton, Placebo, B. Dylan y D. Bowie.

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Cocaína y salud: los efectos más severos de la adicción

La cocaína es un producto obtenido de la planta de la coca. Es estimulante y adictivo y afecta de manera directa al cerebro. Aunque de manera habitual es consumida a través de las fosas nasales, esta droga también puede ser inhalada. A los efectos nocivos de la sustancia  en sí, se unen la peligrosidad de los elementos con las que la cocaína se fabrica y se mezcla ( talco, cafeína, anfetaminas, gasolina, etc…)


¿Qué siente una persona al consumir cocaína?

El consumo de cocaína aumenta los niveles de dopamina, el neurotransmisor responsable de los efectos placenteros y los episodios de euforia que el cerebro libera de forma natural cuando realizamos actividades como pueden ser el sexo, la comida o la lucha.

Los adictos a la cocaína refuerzan ese sentimiento de gozo en el sistema de ‘recompensa’ del cerebro cada vez que consumen. Por ello, aunque no se realice de manera continuada desarrolla cambios trascendentales en la persona que necesitará aumentar las dosis para experimentar placer o incluso sentirse ‘normales’.

Y es precisamente esa necesidad de ‘normalidad’ la que se convierte en un serio problema. Porque el consumo acaba convirtiéndose en un refugio o en una pseudo-solución a los diferentes conflictos de la vida.

Efectos del consumo de cocaína a corto plazo

El consumo de cocaína a corto plazo tiene consecuencias tanto para el adicto a la sustancia como para su entorno más cercano. Por un lado, la frecuencia incrementada de comportamientos peligrosos o extraños, la apatía o la irritabilidad forman parte del día a día. A esto hay que sumarle la pérdida del interés por los pequeños planes o los quehaceres cotidianos. El resultado es más que evidente: una desunión inmediata con las personas que antes formaban parte de su vida.

Asimismo, hay algunas secuelas generales que suelen darse en todos los consumidores de cocaína. Entre las más destacadas se encuentran la pérdida del apetito, el aumento del ritmo cardiaco, de la presión sanguínea y de la temperatura corporal. También el incremento del ritmo respiratorio, el trastorno en los hábitos del sueño o las náuseas por hiperestimulación.

También la conducta se ve trastocada en el corto plazo con secuelas que deben ser tratadas por profesionales. Ansiedad, paranoia, irritabilidad, pánico, psicosis, desorientación, agotamiento confusión o depresión, son solamente algunos de los inconvenientes de la larga lista.

Tratar de justificar el consumo de cocaína pensando que solamente se va a realizar una toma, es un problema generalizado. Los adictos a la cocaína tienden a pensar que ‘controlan’ pero una sola consumición puede provocar tolerancia y adicción. Además de problemas sexuales o la muerte repentina tras convulsiones.

Efectos del consumo de cocaína a largo plazo

Bajo esa falsa apariencia de control, el consumo va aumentando. Pasando en muchas  ocasiones del consumo en grupo a la toma en solitario.

Entre las consecuencias a largo plazo se encuentran los daños permanentes en el sistema circulatorio del corazón y cerebro. Estos pueden ocasionar ataques al corazón, apoplejía o la muerte por daño renal.

El deterioro progresivo de la memoria que lleva a la confusión y disminución del intelecto del adicto o la falta de consciencia.

Pero hay que destacar algo fundamental: la variante a la hora de consumir también tiene consecuencias nefastas. Si la cocaína es inhalada es muy probable la destrucción de los tejidos nasales. Si se fuma puede llevar a fallos respiratorios, enfermedades infecciosas, pérdida de peso, grave deterioro de los dientes o alucinaciones.

El consumo de cocaína afecta: a todos

Cómo hemos podido comprobar una adicción puede ser catastrófica para los adictos. Dejan de lado su vida social y familiar, aunque son muchos los que terminan también teniendo problemas laborales.

La vida de los consumidores se empobrece, tanto a nivel cognitivo, afectivo, como en términos económicos. Lo que provocaba un sentimiento de evasión acaba por convertirse en un problema añadido a su día a día.

Gracias a nuestros 30 años de experiencia, hemos desarrollado un tratamiento completo para retomar el control real de las personas que padecen esta adicción.

Si quiere saber cómo en Impasse tratamos a las personas, solicita ahora una primera consulta gratuita.